estoy rompiendo páginas por el placer de compaginar
palabras que me llevarían.
intentarlo arrastrándome
por el barranco embarrado,
y enroscarme las rodillas
hasta el pétalo.
soy la orilla del mar que llevo dentro,
las cenizas de un fuego que aún no ardió.
arduo ardid daré
a los dioses
que osen
enredarme en sus pesadas
poses.
encomendado al comienzo,
silencio lento
sobre el lienzo,
espejado quizás,
viento viendo
venderse tiempo por.
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